En los tiempos en que Juan Manuel de Rosas residía en Palermo de San Benito, Manuelita recibió una carta del ministro francés François J. Leblanc, que ha revelado un rasgo característico de aquella época. Rotas las relaciones políticas en 1845, con ambos gobiernos, y establecido el bloqueo de Buenos Aires por las escuadras de Inglaterra y Francia, los residentes de esta última nación se jactaban exclamando: “¡Si el gobernador de Buenos Aires insiste en perseguirnos, las balas de nuestros barcos caerán sobre la ciudad, como si fueran papas!”. Dichas palabras dieron origen a que se le atribuyera a Rosas esta frase: “¡Por cada bala que caiga en la ciudad se venderá como durazno, una cabeza de francés!”.
Fueran o no ciertas estas baladronadas, tal vez en parte influyeron para que el bloqueo se levantara, sin obtener de nuestro gobierno la menor concesión en sus gestiones. Desde aquel momento se miró a las papas como algo simbólico de “asqueroso y salvaje unitario”.
En 1848 Leblanc regresó de uno de sus frecuentes viajes a París, trayendo una rara y curiosa colección de papas, y su primer acto fue dirigirse a su distinguida amiga Manuelita Rosas, en los siguientes términos, adjuntándole el selecto lote de tubérculos de que era portador:
“Señorita: me tomo la libertad de enviaros las entregas del Diario de Moda que he traído de París, y 11 variedades de papas, de las que os he hablado en mi última visita; la estación avanzada exige que se planten sin tardanza ninguna.
El benévolo interés de que me habéis dado tan numerosas pruebas, me autoriza a adjuntar a estos dos objetos una obra sobre el cultivo de los claveles y una noticia sobre el de los tulipanes, estos dos ensayos hechos de prisa, reclaman vuestra indulgencia. Deseo muy vivamente daros señales más graciosas del arte que cultivo; pero el tiempo sólo puede venir en mi auxilio, y esperándolo, estoy en la dura necesidad de aplazar este gusto tan grande para mí.
Tengo el honor de ser, con el más profundo respeto, Señorita, vuestro muy humilde y muy obediente servidor, Leblanc. Buenos Aires 16 de marzo de 1848”.
Manuelita, sin acordarse de la repugnancia que tales solanáceas producían al Restaurador de las Leyes, se apresuró a hacerle partícipe del valioso presente de Leblanc.
“Contestá a ese asqueroso, inmundo unitario, que se guarde de hacer tales obsequios, que sólo pueden ser retribuidos con duraznos franceses. Y sabemos ya, qué duraznos eran éstos”.
Manuelita, dada su exquisita educación, atenuó el encargo de su padre, de rechazar el obsequio, y contestó en los siguientes gentiles términos:
“Señor don Francisco José Leblanc. Palermo de San Benito, marzo 16 de 1848. Señor de mi estimación y respeto: He recibido la muy apreciable de usted fecha hoy, con la que su mucha bondad y cariño, se ha servido enviarme el Diario de la Moda de París, y once variedades de papas.
Muy grato me es aceptar el diario enunciado que conservaré siempre en mi poder como una memoria querida del fino afecto con que usted me favorece. Reconozco también en el presente de las muy ricas y particulares papas, una expresiva demostración y recuerdo estimable de la noble amistad con que usted me favorece; la aprecio vivamente con toda sinceridad, más las circunstancias políticas de tatita, me obligan a devolverlas a usted, suplicándole muy encarecidamente se persuada de que sólo esta desgraciada situación me obliga a no complacerlo en asunto tan inocente.
Repito a usted mi sentimiento íntimo por no poderle ahora complacer en el todo, y le reitero mi agradecimiento.
Pongo a la disposición de usted, de nuevo, ésta su quinta, para todo lo que le fuera útil o agradable y quedo de usted atenta servidora. Manuela de Rozas y Ezcurra”.
Cuentan las crónicas que, después de lo acaecido, cuando un afilador de aquellos tiempos –que en toda época los hubo- solicitaba la mano de una doncella y le era denegada, se usaba como estribillo: “¡Peor que con las papas de Leblanc!”.
Fuente
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado
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